Parte dos:

Mitos

Está el mito de que «El Método» vuelve loca a la gente. Que un actor de «El Método» es un actor que vive un gran sufrimiento y va por la vida llorando, con una tristeza enorme infinita o, entonces una alegría particular, porque yo siempre digo que sí es cierto eso de la tristeza, entonces también debe ser cierto al contrario, ya que hay personajes que son muy alegres. Si «El Método» te hace quedar con una emoción y la situación del personaje es que gana la lotería, significaría que entonces el actor va a andar por la vida como con esa emoción, gritando, saltando y celebrando como si hubiese sido el ganador de lotería.

Este es un mito que también viene por algunos actores de Hollywood. Como todos sabemos, bien sea por publicidad propia o por publicidad añadida, se han creado estas grandes figuras de mucho dolor emocional a raíz de un personaje pero que cuando tú estudias en profundidad a todos estos maestros, hablaban justamente – y sobre todo Stanislasvki- que en la Memoria Afectiva es lo último que vas a trabajar, es decir, es la última herramienta que vas a utilizar si todas las demás herramientas no te han ayudado para la creación de tu personaje o para un momento específico en la escena.

Además, vas a utilizar la Memoria Afectiva siempre y cuando no sea algo tan traumático o haya sido tan traumático que realmente te haga sentir mal. ¿Por qué? No, solamente por el cuidado que debe prevalecer en el actor de su herramienta, es decir, su herramienta de trabajo que es su cuerpo, sus emociones y su psiquis, sino que además a nadie les gusta ver un actor masturbarse en la escena, emocionalmente hablando.

«El Método» o Actuación Orgánica no se basa únicamente la Memoria Emocional o Memoria Afectiva, ¡ese es un gran mito!

Si un actor no está en capacidad de saber que lo que le está sucediendo a su personaje en una escena no es real, o sea, que no le está sucediendo a él sino a su personaje, es porque realmente tiene algún problema. Y es un problema que no tiene nada que ver con el trabajo de actor ni con su formación, sea de la formación o de la corriente actoral que sea.

En el momento que tú decides hacer un «personaje extremo», porque quizás seas un actor de retos, que le gusta este tipo de personajes -que son los que realmente te hacen confrontarte hasta contigo mismo- entonces ¡perfecto! te toca asumirlo al 100%.

Imagínate que el día de mañana te toca el papel de la gloria y te den el personaje de Adolf Hitler, por ejemplo. Tú en tu vida personal puedes pensar que él fue uno de los peores hombres de la humanidad, que mató a seis millones de personas, etcétera. Pero si decides hacer ese personaje y decides hacerlo orgánicamente: sentirlo, vivirlo, transmitirlo y disfrutarlo (cualquier tipo de personaje tenemos que disfrutarlo, ya que si no no vale la pena hacerlo) vas a tener que entenderlo, va a tener que ponerte en sus zapatos. De ahora en adelante vas a buscar entenderlo. a través de la investigación de su vida y su biografía y, también a través de un ejercicio llamado Confrontación donde te toca entender por qué hizo lo que hizo. es decir, te toca: justificarlo.

Tenemos que justificar hasta la muerte a nuestros personajes.

 

Ejercicio de Confrontación

El ejercicio de confrontación consiste en defender un pensamiento o estilo de vida totalmente contrario o diferente al nuestro. Para eso se hace una investigación. Por ejemplo, si te toca un personaje racista, debes investigar por qué hay personas racistas como tu personaje, por qué llegan a pensar y sentir lo que sienten. Y no es que luego tú te vas a volver racista, ¡no! sino que vas a entender de dónde viene la cosa, cuál es la razón de su pensamiento o de su forma de pensar. En tu vida vas a seguir estando en contra del racismo, pero si tu personaje es racista no lo puedes criticar. Lo tienes que entender. Tienes que saborear ese racismo.

Nosotros los actores tenemos que tener una mente muy abierta, por lo menos cuando estamos en la piel de nuestros personajes.

 

Después de Stanislavski

Se crean como dos grandes vertientes, formándose en la primera la gran figura de Lee Strasberg como el Maestro del Actors Studio, quien continuando con el legado  de Stanislavski, no solamente trabaja en la Memoria Afectiva o Emocional sino que también continúa con el trabajo sobre la gran importancia del entrenamiento de la Memoria Sensorial.

Y por otro lado queda Stella Adler, quien forma su propia institución académica, el Conservatorio de Stella Adler. Ella contradice todo lo que entiende Strasberg del trabajo de Stanislavski y establece que el actor no tiene que trabajar nada propio, sino debe utilizar su imaginación para crear.

 

La Memoria Sensorial 

Una de las cosas más importantes del legado de Lee Strasberg es la Memoria Sensorial, la Memoria de los Sentidos. Los cinco sentidos tienen memoria. Cuando somos pequeños esa memoria está llenándose de archivos ya que cuando somos pequeños somos unas esponjas que andan descubriendo al mundo y nos dejamos cautivar, nos dejamos impresionar y archivamos el sonido que escuchamos por primera vez, la primera vez que probamos un nuevo sabor, la primera vez que escuchamos una música, la primera vez que vemos algo y lo tocamos, lo destruimos por la curiosidad innata de saber de qué trata, qué tiene, cómo se construyó, etc.

Esto es lo que Lee Strasberg nos lleva a hacer, a través de su entrenamiento para poder traer emociones “al aquí y al ahora”, en el momento que lo necesite el personaje, en la circunstancia de la escena que lo necesite.

Además, nos sirve para resolver muchos problemas de escena, cuando no nos llega una emoción o cuando, por ejemplo, un personaje está muerto de miedo, de esos miedos que paralizan, pero ya el actor está agotado o ha probado miles de cosas y no llega a esa emoción.

Le corresponde, el ejercicio del frío. Revivir la memoria sensorial que tiene la piel de esa sensación de frío intensa y por un acto que no es de magia, sino como respuesta al estímulo que se ha tenido a situación, el cuerpo va a responder al igual que si estuviera realmente padeciendo ese frío.

Con un solo estímulo engañamos al cerebro, para que crea que se está sufriendo un frío intenso.

Por supuesto, para llegar a esto hay que entrenar. Yo no le puedo decir una persona que no ha estrenado su Memoria Sensorial: “siente frío y recrea que tienes mucho frío”. Esa persona no va a percibirlo.

Un actor entrenado sensorialmente, recrea su memoria sencillamente al concentrarse y evocar el proceso que estuvo haciendo cuando trabajó el frío en algún momento.

Otro ejemplo, si tenemos un personaje que debe estar sumamente irritado, con una irritación y una rabia y un sentimiento de odio al mundo, que esté peleado con la humanidad y el director nos pide tener esta sensación de amargura, y descubrimos que el limón nos produce este malestar de irritación, simplemente con hacer el proceso, revivirlo el proceso de cuando trabajamos el limón (tocarlo, sentirlo, olerlo, palparlo, exprimirlo) vamos a evocar y sentir esa condición de desagrado total.

Seguramente, en estos momentos se encuentran salivando al leer (oír) tantas veces la palabra “limón”. Esto tienen que ver con la memoria sensorial. El limón tiene un sabor y un efecto tan fuerte en nuestro paladar desde la primera vez que lo probamos, hayan pasado los años que sean, que sea esa memoria esta activa y en estos momentos nuestro cerebro está pensando que estamos tomando comiendo limón.

Es un proceso muy interesante para explicarles la memoria sensorial.

Tengo un curso práctico y detallado sobre la Memoria Sensorial con ejercicios para su entrenamiento… puedes conocerlo aquí.

Todas las personas somos distintas. En algunos resultará más activa la memoria del gusto, a otros la memoria del tacto, a otros el olfato, otros tendrán la memoria de la vista más desarrollada. Estas memorias nos hacen conectarnos con emociones. Es simplemente experimentar. Por eso es que se llama “el trabajo del actor sobre sí mismo”.

Allí vamos a conocer la principal herramienta, que somos nosotros mismos.

Ve a la tercera parte de este Taller Online sobre la Verdad en Escena:

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